..........Las gaseosas Piernas de O Barco

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El incansable Miguel Ángel Martínez Coello continúa con su repaso particular de las fábricas de gaseosas y sifones en la provincia de Orense. Este artículo viene a corroborar el papel importantísimo de las mujeres en este tipo de industrias.

Artículo publicado en El Faro de Vigo el  9-12-2017

LAS GASEOSAS PIERNAS DE O BARCO




El día 18 de Octubre de 1951, el Ministro de Industria y Comercio, a través del Registro de la Propiedad Industrial en la sección de Marcas, concedió por veinte años en España, a Dª Balbina Álvarez Prieto, viuda de Manuel Piernas, residente en el Barco de Valdeorras – Orense, San Roque, el certificado-título con el número 203.589 inscrito en el tomo 405 folio 89, del agente oficial José Ruiz-Granados, con sede en la calle Montera nº 9 de Madrid, … para distinguir aguas de seltz, hielo artificial y bebidas refrescantes de las comprendidas en la clase 10ª del nomenclátor… Consiste esta marca en la denominación “PIERNAS”.  

Pues bien, Balbina fue la madre de Félix Piernas Álvarez, que es quien figura en el registro de fabricantes de bebidas refrescantes en el listado de industrias de Orense en el año 1970 con el nº 3962 en la Travesía 18 de Julio nº 51, del Barco de Valdeorras, pegado a la cárcel de la ciudad, para más señas. Manuel Piernas, el padre de Félix era pulpeiro y le llamaban O Madrugas. 


El 9 de Octubre de 1962, Félix Piernas Álvarez contrajo matrimonio con Amalia López Álvarez, natural de Vilamartín y hermana del que fuera alcalde de Vilamartín, Avelino López. Amalia trabajó con Augusto López Portaña, ilustre médico valdeorrés afincado en Roma, conocido como “EL primer Médico Espacial”, por sus estudios sobre el comportamiento de los cosmonautas en el espacio o en la superficie de la Luna, además de ser miembro titular del Instituto de Cultura Hispánica.


Félix Piernas Álvarez antes de casarse trabajó en “La Favorita”, pero  pronto se hizo cargo de la empresa familiar. Comenzaron la fabricación de gaseosas con 7 cajas de madera de 48 botellas del tamaño de las de cerveza, que repartían por el contorno con un carro tirado por una mula. Más tarde, allá por el 1965, compraron una camioneta de ruedas macizas al Limeres de Sobrádelo por 9.000 pesetas, y en el 1968 un camión mejor en Vitoria. Como dato curioso, Amalia comentaba que ante la imposibilidad de conseguir una nueva matrícula para el tercer camión, tuvieron que utilizar la matrícula del camión anterior de ruedas macizas.

Félix, Amalia y Chochi en la primera fábrica de la familia



Amalia, mujer coraje….


Félix Piernas Álvarez había nacido el 2 de septiembre de 1927 y padecía una grave enfermedad que le fue dejando ciego hasta que falleció a la edad de 50 años el 9 de marzo de 1977. Ello no fue obstáculo para su mujer Amalia, que se puso al frente del negocio y lo lideró hasta la primera década del 2000 en la calle Hernán Cortés nº 4 de O Barco de Valdeorras, en el mismo sitio que habían comenzado pero con el nombre de la calle cambiado. Amalia se fue encargando de la fabricación y Félix iba a repartir con el chófer, encargándose de los cobros (que a pesar de su ceguera nunca se equivocaba) y siempre acompañado de su perro “Pistón”.  Además de hacer el reparto por la ciudad de O Barco, atendían las poblaciones y canteras de Casayo, Sobrádelo, Viladequinta, Entona, Vilamartín, Arcos, etc… e incluso en Santigoso, donde había otro fabricante, Herminio Álvarez Fernández, que tenía el número de registro 3989 de fabricante de gaseosas y refrescos de Orense. Las gaseosas de la familia Piernas se vendían bien todo el año, al contrario de otras zonas de la provincia en que se vendía más gaseosa en verano, porque según los consumidores la gaseosa estreñía por el cítrico y evitaba que tuviesen descomposición producida por el vino.


La marca Piernas nunca fue estampada en los envases, tan sólo en la rotulación de los camiones y poco más. Los chóferes fueron Joaquín “El guagua” de Viloria, Pepito de Viloria y el Tan, que repartía el vino de la Cooperativa. El Avia lo condujo al principio Clemente, y posteriormente los hijos Félix y Carlos Piernas López. Además poseían una Isocarro que Carlos repartía por los barrios.


En un principio el agua la acarreaban tres mujeres María, Quina y Teresa, en cántaros desde el depósito de una mina cercana, los hijos de la Nievitas se encargaban de llenar los envases. La limpieza corría a cargo de Felicita, Cándida, Chochi, Chari y América, y  la Sra. Carmen se encargaba de cuidar de los hijos, pues para ellos era su segunda madre, hasta que Amalia compró una máquina de lavar a González y Maíllo de Valladolid.

 A partir de 1968 llegaron a un acuerdo con la Pitusa por el que a partir de ese momento se fabricó bajo esa denominación y con el número de registro 3555, por lo que el nombre “Piernas” pasó a un segundo plano en el terreno administrativo. 

Josefina y Carlos en la segunda fábrica de la familia

La distribución de sus productos se extendía desde Valencia del Sil  hasta El Puente de Domingo Flores en el límite de León. Comercializaron refrescos de cola, naranja y limón y los refrescos YUKY. Toda la gama de refrescos KAS, Aguas de Mondariz, los vinos de La Seca y la distribución de cervezas El Águila Negra de Colloto, mostos LAVIDA, y  fue entonces cuando compran un Avia para el reparto. En el año 78, Amalia ya viuda, puso en marcha el tren de embotellado e incorporaron el llenado de sifones con maquinaria que compraron a la empresa Salvador Torroja, sita en la calle Travesera de Barcelona. 

Publicidad de Mosto Lavida



Los envases fueron desde entonces los que La Pitusa tenía distribuidos por toda España, a saber la botella de litro con cierre mecánico, la de 250cc de cierre corona o “Chapa” y la de 400cc que llenaban para los comedores de la fábrica de pizarras de Julián Trincado en Sobrádelo . Las jaulas las hicieron metálicas y las traían de Noreña en Gijón.

Precinto de La Pitusa



Mil y una odiseas…


Amalia contaba que una vez a las doce del mediodía, Félix esperando a que regresaran con los cascos de la cantera, se vio rodeado de multitud de serpientes por lo que les tiró una botella llena que al reventar puso en fuga a los ofidios. Otra vez se quedó averiado el coche en un paso nivel en La Puebla, salvando la vida milagrosamente en el último instante. Pero la más impactante fue la revelación de cómo hacía el líquido de frenos y taponaban los poros del radiador. Pues bien, la reparación de los radiadores la hacían con vino blanco y pimiento picante y el líquido de frenos, que era caro, con aguardiente y vino blanco. Ello también estuvo a punto de costarles la vida porque una tarde que venían de Casayo de recoger chatarra, en la curva de Liarellos en Viladequinta no dieron frenado saliéndose a la cuneta, la defensa se enganchó en una peña y la camioneta se paró. En los últimos tiempos se dedicaron a la chatarra,  recogían la de las canteras, Cedie y talleres Meleiro, que luego revendían a los LAJO de Vitoria.

El día que se rotuló el camión en 1973



Félix Piernas y el Deporte


Félix Piernas siempre tuvo pasión por el deporte, al que le dedicó parte de su tiempo y esfuerzos económicos. Lideró un equipo de fútbol en “as baratas” con la camiseta “La Pitusa-O Barco”, y hubo una liga de empresas como Talleres Meleiro, Cedíe… llegando a existir una gran rivalidad de equipos y empresas. 

Equipo de "La Pitusa-O Barco en 1975



El mayor logro de Félix Piernas Álvarez  fue  el conseguir, poner una meta volante patrocinada por Refrescos Kas, en el Barco de Valdeorras de la Vuelta Ciclista a España, que terminaba en Peña Trevinca.

 En los últimos tiempos dos primos, Manuel Lopez Álvarez  y Carlos Piernas López, se juntaron para continuar el negocio de las gaseosas con una nueva marca:  FRAN, pero después de una efímera vida de 6 meses, cerró. La competencia de La Pitusa fue el obstáculo que no pudieron vencer.

Gaseosa Fran


Pero todo esto nunca se podría haber llevado a cabo sin el trabajo, fuerza, valentía, ilusión y amor de Amalia López Álvarez, emprendedora, empresaria de referencia en el desarrollo de la provincia de Ourense y sobre todo… toda una mujer coraje.



Miguel Ángel Martínez Coello

Fotografías propiedad de Miguel Ángel Martínez Coello y de la familia Piernas López, cedidas para este artículo







..........De Poschiavo a Santiago de Compostela…

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Miguel Ángel Martínez Coello lo ha vuelto hacer: construir un relato histórico a partir de sifones. En este caso ha recreado la historia de los Cafés y Hoteles Suizos que hicieron furor entre lo más selecto de la sociedad española de la segunda mitad del s.XIX.



De Poschiavo a Santiago de Compostela…


… pasando por Bilbao, Madrid, Burgos, Santander, Zaragoza, Pamplona, etc…  Los Matossi , los Fanconi, los Mengotti … con sus familiares y compatriotas del clan, fueron sembrando la Península Ibérica y las capitales de Europa de moda con los refinados Café suizos y Hoteles Suizos para disfrute y regocijo de la flor y nata que daba esplendor a la época… pero antes conviene retroceder al origen de éstas familias.


Poschiavo es la capital del cantón de los Grisones en el sureste de Suiza, haciendo frontera con Liechtenstein, Austria e Italia, en plena montaña a la orilla de un lago desde donde se puede divisar la cima del monte Cervino en el que los más osados alpinistas miden habitualmente sus fuerzas… es como un pueblo italiano pero de suizos que hablan italiano.


A Principios de 1800, la pobreza, la hambruna y las guerras hicieron salir a muchos de sus habitantes en busca de un futuro mejor. Algunos se dirigieron hacia el Imperio Austro-Húngaro, Francia “…en el París revolucionario y convulso de la Revolución Francesa” o Inglaterra.  Así  nacieron los Cafés Suizos en la Europa de la segunda mitad del siglo XIX…

Etiqueta compartida por el Hotel Suizo de El Ferrol y el Hotel Barcelona de Orense



Los Matossi y los Fanconi


Otros se dirigieron a España  y al igual que los gallegos y muchos otros pueblos emigraron, los Matossi y los Fanconi también lo hicieron dejando atrás los “paraísos” en los que vinieron al mundo. Ellos desde su cantón de los Grisones en Suiza  y los gallegos desde su “Galicia”. Cuenta la leyenda urbana que en 1813, llegaron a Bilbao después de recorrer a pie los 1.500 kilómetros que les separaban de su pueblo natal, contando sólo con una cabra que les proveía de leche fresca todos los días y que se alimentaba de los pastos del camino.  Los datos más fiables dicen que salieron de Génova hasta Barcelona y de ahí hasta Bilbao. Quizás a la búsqueda de un paisaje acorde al que habían dejado atrás. Gozaban de un reconocido prestigio como hosteleros, cafeteros y chocolateros, llevando consigo su honradez, trabajo y buen oficio, como pasaporte.


Cuando los Matossi y Fanconi llegaron a Bilbao ya contaban con vecinos de Poschiavo establecidos allí con negocios de pastelería y hostelería, como los hermanos Rodolfo y Andrés Pozzi, Francisco Pozzi, pariente de los anteriores, o los Ragazzi, que sin duda sirvieron de ayuda en el inicio de su vertiginosa carrera comercial.


Bernardo Fanconi era un excelente pastelero que se dedicó desde su llegada a Bilbao a la repostería Suiza que le haría famoso. En sus modestos comienzos acudía a todas las romerías populares de Bilbao y alrededores, con una cesta para vender sus pasteles. A ellos debemos el famoso “Bollo suizo” o bollería de leche que con glotonería pedíamos de pequeños a nuestros padres como preciada golosina, el panecillo de Viena con una chocolatina en el medio o la media tostada o tostada entera con manteca o sin ella. El café suizo y su pastelería obtuvieron un éxito inmediato que se extendió rápidamente por toda la franja cantábrica y posteriormente por el resto de España llegando a gestionar 53 “cafés suizos” en el territorio. En Galicia fueron famosos los de Santiago, Pontevedra, Vigo, Sada y el de Ferrol, que todavía funciona. De los Fanconi se dice que eran altos, de tez clara y trato caballeroso. Los Matossi eran de una educación más esmerada, de trato correcto y atrayente, lo que les hizo granjearse las simpatías de foráneos y naturales del país.

Café Suizo de Santiago, edificio de la Sociedad El Recreo de 1858 obra del arquitecto Manuel Prado y Valle



Los Mengotti en Galicia


Los Mengotti eran una de las familias suizas que llegaron a España con la idea de implantar una política distinta en el negocio del salón-café, tanto como reposteros como innovadores en el ramo de la hostelería, en la restauración y en la forma de atender a su clientela. La familia Mengotti fueron los promotores que impulsaron el Cafe Suizo, Hotel Suizo o Fonda Suiza en Santiago de Compostela. 


Para el ciudadano español, la tierra de procedencia de los Mengotti era tenida por maravillosa y mágica ya que evocaba al romántico Guillermo Tell, a las odas, a Hoffman o por las fotografías que lucían aquellos bellos paisajes y sus vigorosos habitantes.


Antonio Mengotti y Compañía inauguró en el número 24 de la Rúa de Huérfanas un restaurante de gran elegancia y exclusividad que era necesario y ansiado por las fuerzas vivas de Santiago. Allí se podían invitar, con plena confianza, a los visitantes ilustres porque el ambiente era muy diferente al de las lúgubres casas de comidas que describía Larra. Posteriormente se abrió el Café Suizo en los bajos de la Sociedad El Recreo en la Rúa Nueva 18 a finales del S XIX, que años más tarde desaparecería con la Guerra Civil. En aquellos tiempos la estructura de la sociedad compostelana respondía al modelo de sociedad tradicional o preindustrial.  La clase alta acomodada vivía de rentas y estaba formada por los nobles rentistas y la burguesía de los negocios. El tipo de vida de éstos era ostentoso, se exhibían en el Casino, el Teatro y los paseos. Los paseos se consideraban un acto social, destacando entre todos ellos el de la Alameda y los de la Rúa del Villar. Por el pasillo central de la Alameda circulaba la clase alta, por los laterales, la clase artesana y el pueblo en general, y por el superior el clero, personas mayores y viudas. Era costumbre que las clases altas permanecieran en la ciudad hasta las fiestas del Apóstol, pasadas éstas, marchaban a sus lugares de veraneo, normalmente al campo. El hecho de no hacerlo les desprestigiaba.

Comedor del Hotel Suizo de Santiago



La función principal del Café Suizo de Santiago de Compostela, aparte de ofrecer el mejor producto de repostería, licores y café de calidad, fue la de punto de reunión y tertulias de escritores, pintores, o personajes públicos  que dirimían sobre lo divino, lo humano, el pasado o el futuro de los acontecimientos mundanos  e incluso donde se podían poner al corriente de los últimos acontecimientos  políticos de aquellos  tiempos. Todas las fuerzas vivas, sobre todo en el ámbito cultural, disfrutaron de sus salones, en los que se proclamaron arengas, recitaron poemas, o se deleitaron con sesiones musicales al calor de un buen café o un delicioso tostado del Ribeiro. 

Se puede afirmar con meridiana precisión que para todos los personajes de la época en que existió el Café Suizo, fue ésta su segunda casa, porque todas las relaciones culturales, económicas, o de ocio fueron disfrutadas en torno a una mesa del elegante establecimiento. Todo en el Café Suizo era de lo mejor. Los Mengotti se preocupaban en traer a Santiago de Compostela lo mejor de Europa, las últimas novedades de París, de Londres o simplemente lo que sus socios los Matossi o los Falconi desde Madrid o Bilbao les sugerían, a la par de proporcionarse los mejores clientes entre ellos. 

En Vigo había otro Café Suizo en la calle Príncipe. En El Ferrol el Café Suizo estaba en la calle Real  114, hoy Dolores  nº 67, y todavía existe en la actualidad el mismo Hotel Suizo, pudiéndose sentir la elegancia, distinción y categoría de sus instalaciones. El local, que en un principio se llamó La Fonda Suiza,  era obra de Rodolfo Ucha Piñeiro y está datado entre 1909 y 1910. 

Los Mengotti en Santiago regentaron la “Fonda Suiza” de la calle de las Huérfanas, otra en la calle de la Conga  y la de la calle Cardenal Payá que se convertiría en el Hotel Suizo. La remodelación de la cafetería del Hotel Suizo de la calle Cardenal Payá que hace esquina con la plaza de Mazarelos en Santiago es de corte moderno por lo que ha perdido toda su esencia y hace difícil imaginarse un pasado tan fantástico.

Publicidades de los establecimientos "suizos" en la "Guía y plano General de La Coruña" de 1905
 


 Los sifones Perlé de los Cafés Suizos


Como muestra de lujo y presencia de lo más exclusivo de Europa, los Mengotti  equiparon sus instalaciones con los elementos más sobresalientes de la época. No había Hotel, Café, Casino que importancia que no dispusiese de sifones con los que ofrecer al cliente su deliciosa agua de Seltz para calmar la sed, aliviar los ardores de una copiosa digestión o para acompañar a una amena conversación. Los sifones “perlé”, eran y siguen siendo joyas artesanas en cuanto al cristal y el acabado del maestro que lograba introducir en el vidrio de Bohemia, las pequeñas burbujas “perlés” en el interior del cristal, obedeciendo a una secuencia espiral que recubre toda la superficie del sifón. Otra característica era la del color del cristal, en este caso “al Uranio”  o “Uranio vaselina, un tipo particular de cristal silíceo que contiene en su estructura pequeñas concentraciones, sobre un 2%, de óxido de diuranato U₂O₇²ˉ, con el que se consigue un color amarillo que en presencia de una luz negra se hace brillante.  La adición de estos óxidos, generalmente antes de la fundición del vidrio, fue una práctica habitual desde la segunda mitad del siglo XIX hasta las primeras décadas del XX para conseguir tonalidades amarillo-verdosas traslúcidas. 

Los objetos así elaborados poseen ciertos niveles de radiación normalmente inofensivos para la salud humana. En 1905 José Muñoz del Castillo descubrió la radiactividad de los minerales de la mina de cobre “antigua Pilar” de Colmenarejo y en 1906 describió lo que él denominaba “las 5 manchas radiactivas” en la Península, que se corresponden con las principales zonas en las que encuentran minerales y rocas radiactivos, así como la descripción de 24 manantiales cuyas aguas muestran una radiactividad más o menos elevada, entre ellas las del manantial de Vichy Catalan en Gerona y Mondariz en Pontevedra.


El sifón que presentamos es un sifón elaborado con vidrio de uranio, con casi la total seguridad, procedente del Café Suizo de Burgos que estaba situado en el Paseo del Espolón y en el que se fundó El Círculo de la Unión el 1 de Mayo de 1881. Éste café fue el que inauguraron los Matossi y Fanconi después del éxito obtenido con el Café Suizo de Madrid  a mediados de 1800. El magnífico decorado al ácido, fue realizado en Paris por Chounard Pantin y en el cabezal metálico del sifón tiene grabado: ED. CHOUANARD PANTIN (SEINE) 10 Rue Auger 10 Conforme a la Loi - GARANTI SANS PLOMB

Sifón perlé de color amarillo del Café Suizo de Burgos


Detalle de cabezal francés y firma del estampado


 Por otra parte el otro sifón “perlé”, corresponde al Café Suizo de Santiago de Compostela,  fue creado con vidrio “al Selenio” porque el componente agregado en la fabricación es el Selenio con el que se obtienen colores rojos-rosados,  con la técnica “perlé” de los maestros de la Bohemia en el cristal. El decorado también al ácido” en Paris por Chounard Pantin con la grabación: FÁBRICA DE BEBIDAS GASEOSAS del CAFÉ SUIZO - Rua Nova – SANTIAGO.
Dos joyas recuperadas que constituyen un libro abierto de nuestra historia, de la belleza y del arte.

Los dos sifones perlados juntos, el del Café Suizo de Burgos y el del Café Suizo de Santiago de Compostela



Miguel Ángel Martínez Coello

Fotografías propiedad del autor

..........El sifón sin cabeza

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El incansable Miguel Ángel Martínez Coello (al que nunca me cansaré de agradecer sus aportaciones) vuelve a la carga, esta vez descubriéndonos de forma divertida un modelo de sifón muy peculiar que, aunque estuvo bastante extendido, tuvo una vida efímera.
Artículo publicado en El Faro de Vgo el 22/10/2017.



El sifón sin cabeza


Si hay algo que hasta la fecha me había intrigado era lo de… el sifón sin cabeza. No podía imaginar en qué consistía el invento, porque no llegaba a comprender cómo se podría escanciar el líquido que contenía, sin tener un mecanismo en la cabeza que permitiese el control de la salida del mismo. 
Era como si el mismo sifón hubiese decidido auto-determinarse en república independiente, tan de moda en la actualidad,  para confundirme y tener que forzar mi capacidad de raciocinio hasta el borde del colapso mental, vamos, como si prescindiese de la cabeza como elemento imprescindible de práctica utilidad para ir por libre y que la preciosa agua de seltz contenida en el recipiente pasase directamente al paladar del consumidor como por arte de magia, sin pasar por la cabeza escanciadora. 



Imagen del sifón sin cabeza


Pero afortunadamente la solución llegó finalmente en forma de folleto publicitario en el que se explicaba con meridiana precisión la solución a las dudas que desde hacía tanto tiempo me habían atormentado.


No sé cuál sería la razón del creativo del “Sifón sin Cabeza SL”- Barcelona, ubicado en Av. José Antonio 622, entlo. 1ª, pero sabido es que en Cataluña siempre hubo un talento comercial innato quizás heredado del roce fenicio y del afán innovador de sus paisanos. Por otra parte, también hay que decirlo, la limpieza del grifo escanciador siempre fue una asignatura pendiente del fabricante que brilló no por su limpieza, sino por todo lo contrario. Este invento por lo tanto permitía al ama de casa o usuario del ramo hostelero, disponer individualmente de la parte de “la cabeza del sifón” que disponía de la manilla de apriete para liberar la válvula que contenía la presión del gas, y así poder derramar en el vaso el líquido elemento, dicho en otras palabras, del grifo del sifón. El artilugio consistía en una llave o espita que se roscaba en un cabezal que traía el propio sifón “sin cabeza”, de manera que al ejercer presión en la manilla liberaba la válvula interna que habilitaba el funcionamiento del mismo como grifo del sifón. 


Partes de un sifón sin cabeza
                                                                                                                                                           

El folleto publicitario rezaba así:

Una idea feliz. Con miras a proporcionar a Ud, una fuente saneada de ingresos y a su clientela el delieite de su Agua de Seltz envasada en vehículo que reuniera las máximas garantías higiénicas, ha sido organizado en España el servicio “SIFÓN SIN CABEZA” del que podrá Ud. beneficiarse a partir de este instante, Su estimada clientela podrá saborear sus mezclas a placer con total garantía de salubridad, por cuanto el sifón llegará a sus manos herméticamente cerrado y lo que es más esencial, desprovisto de cabeza pública, para que en defensa de su salud, utilice la que Ud. para su uso exclusivo le habrá proporcionado anticipadamente. “SIFÓN SIN CABEZA” – “REGIO”, es una creación que está amparada por las patentes de invención núms. 178420 y 207263 apoyadas con las ventajas de otras vigentes y muy experimentadas… AGUA DE SELTZ SANA!!! “SIFÓN SIN CABEZA” LA PROTEGE.




Folletos publicitarios del sifón sin cabeza


La comercialización del invento del sifón “Regio”, se distribuyó en un principio sólo con la serigrafía de El sifón sin Cabeza y su mecanismo sin la marca de la casa llenadora, pero a continuación fue compartida con el marcaje de la planta de seltz correspondiente a la ciudad con la que compartía la patente. De esta forma en Barcelona lo comercializó Espumosos Ciclón, Espumosos Vimbodi en Lérida, El laurel de Baco en Madrid, Quiñones en Vigo, La Flor de Julio en Asturias… etc… incluso el concesionario Ignacio Planell de Suria grabó a la arena su sifón con la publicidad de “El sifón sin cabeza”.


Sifón sin cabeza grabado a la arena


El caso es que el invento no prosperó… eso de comprar el sifón y después tener que andar buscando el grifo para roscar... vamos, era como una declaración ambigua de independización sifonil….


Miguel Ángel Martínez Coello

Fotografías propiedad del autor del texto


..........Los sifones de Lelo

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Los sifones de Lelo es un delicioso librito escrito por Miguel A. Fuente Calleja, en el que el autor transcribe sus conversaciones con Aurelio Antidio Cuesta Martino, alias Lelo, sifonófilo (¡¡qué gran palabra!!) y como consecuencia de ello, uno de los mayores coleccionistas de sifones del país.

Portada del libro "Los sifones de Lelo"


La afición de Lelo por los sifones procede de su actividad como fabricante, primero en la empresa familiar de Xixún, propietaria de la marca "La tropical", y después, ya independizado de ella y en Pola de Siero, con la marca "La cotorra" (existente desde 1921, con productos tan originales como un "champagne de frutas"), que todavía se mantiene para los sifones, aunque ahora embotellados en Noreña.

Aurelio Antidio nació en 1932, por lo cual ha conocido marcas hoy desaparecidas y la evolución del mundo de las bebidas carbónicas, desde la gaseosa de boliche hasta las actuales botellas no retornables, del reparto en un carro tirado por caballo hasta los vehículos a motor, los duros años de la posguerra y los años de apogeo. Su memoria privilegiada recuerda perfectamente los nombres de las más de doscientas fábricas que hubo en Asturias y que hoy han desaparecido.

Producto embotellado con la marca "La Cotorra": Champagne de frutas


Precisamente con el declive de esas fábricas, hacia 1975, comenzó su colección. Algunos le llegaron regalados, y con otros fabricantes hacía un trueque: él los rellenaba y arreglaba, y en  vez de cobrar, se quedaba con un porcentaje de las botellas. Así hasta reunir los 23.000 ejemplares de que consta su colección, ninguno comprado, como afirma orgulloso. Lelo tiene su exposición de sifones y curiosidades en La Pola, donde todavía se entretiene reparando sifones, y aunque no cobra nada, siempre se queda con su "maquila", que en este caso, en vez de consistir en harina, son botellas de sifón. Allí, en el antiguo local de su fábrica, recibe encantado a gente llegada de toda España, así como a periodistas y fotógrafos que acuden interesados por su colección. Para el asombro de todos ellos pone en marcha la antigua máquina de llenar de sifones.

El mayor deseo de Lelo sería poder exponerlos en un lugar más adecuado y se lamenta de que en España, a diferencia de otros países, no exista un museo del sifón, deseo en el que le acompaño.



Imagen del libro: camión de reparto de Lelo


Mi agradecimiento a Miguel Cuesta Viso por hacerme llegar el libro, editado por Almacenes Lelo, de donde proceden las fotografías.