..........Bebidas Carbónicas Oriental, de Cornellá

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Los orígenes de esta antigua fábrica, en la barcelonesa ciudad de Cornellá, se remontan a 1902, y su promotor fue Ramón Mulá, que contó con la ayuda financiera de una tía vinculada a este negocio en Barcelona. Sin embargo, Ramón Mulá estuvo poco tiempo al frente de la misma, y la titularidad pasó a su primo Ramón Rovira, que ya conocía el sector pues había trabajado para la tía común de ambos.

La fábrica estuvo situada en la calle Rubió i Ors, en pleno centro de Cornellá, ciudad donde se encontraba la mayor parte de su clientela, aunque también abastecían de sifones los casinos de las localidades vecinas, a las que en un primer momento hacían el reparto en carros tirados por caballos, antes de contar con vehículos a motor, como este Chevrolet del año 1923 que aparece en la foto:

De esa época tenemos también las etiquetas de la marca que distinguiría sus productos: "Oriental", que se acompañaba de la imagen de un sol naciente:
 Una de las hijas de Ramón Rovira, Isabel, junto a su marido, Francisco Besson, se incorporaron a la fábrica, que tras la Guerra Civil atravesó las penurias propias de la época: falta de botellas, de materias primas, de suministros...A estas circunstancias se unió la temprana muerte de Francisco Besson, por lo que un joven Ramón Besson tuvo también que involucrarse en el negocio.
Pasadas esas duras décadas, el negocio fue desarrollándose y se adquirieron nuevos equipos, vehículos y botellas, aunque nunca perdió el carácter familiar.



Ramón Besson fue uno de los impulsores, a finales de la década de los 60, de la creación de la Sociedad Anónima CARESA (Carbónicas Reunidas), en la que se agruparon los 12 productores del Baix Llobregat que, a base de horas de trabajo e ilusión, consiguieron levantar una moderna fábrica de 10.000 metros cuadrados en Sant Boi de Llobregat, en la que llegaron a trabajar (socios incluidos) hasta 120 personas. La marca de gaseosa utilizada fue "Gaseosa Familiar", propiedad de La Industrial Carbónica de Barcelona, de la que Ramón Rovira había sido socio, y que también sirvió para la comercialización de los sabores naranja, limón y cola.
A constinuación mostramos imágenes de esas instalaciones:







 Lamentablemente, la crisis del sector se llevó por delante también a este gigante, la misma suerte que corrieron tantas y tantas fábricas a lo largo de la geografía española.

Desde aquí mi agradecimiento a Ramón Besson por la información y las fotografías que han servido para recuperar la memoria de estas fábricas.


Fotografías propiedad de Ramón Besson









..........Productos Diego, de Jaca

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En esta entrada, y gracias a la amabilidad de Antonio Félix Vinacua Diego, nieto primogénito de su fundador, repasaremos los comienzos de una mítica fábrica de refrescos de la ciudad oscense de Jaca: “Productos Diego”.

La familia Diego procedía de Santander, desde donde se trasladó a Jaca para dedicarse a la fabricación de helados, barquillos y castañas asadas. La vinculación a la fabricación y distribución de bebidas fue iniciativa de Félix Diego Diego, segunda generación en Jaca de esta familia santanderina.

La fábrica tuvo un ámbito comarcal y era de carácter familiar. En sus botellas se define como fábrica de gaseosas, hielo y oranges. Mientras que los sifones llevaban la marca “Productos Diego”, las gaseosas lucían otro distintivo, “Flor de Nieve”, y era precisamente un edelweiss el que aparecía en la serigrafía de la bonita botella. En la contraetiqueta se informaba de que en su elaboración se utilizaba agua del Alto Pirineo aragonés.

En los años de expansión de este tipo de fábricas, el espacio de la casa familiar pronto quedó pequeño, por lo que esta empresa se trasladó a unas naves industriales, donde viviría el declive de la actividad de fabricación.

Os dejamos fotos de las distintas botellas utilizadas por esta fábrica, todas ellas cortesía (y propiedad) de Antonio Félix Vinacua Diego:  

 En la fotografía anterior vemos distintos envases utilizados por Productos Diego: sifones con estampado en chorro de arena de distintos colores (muy bonito el sifón verde con franjas en espiral), y botellas de sifón y gaseosa serigrafiadas.

A continuación veremos la evolución de las cabezas de sifón a lo largo del tiempo:





Tenemos también fotografía del cajón utilizado para su transporte:

Y, para terminar, anverso y reverso de la bonita botella de gaseosa, así como tapón corona utilizado para los distintos refrescos



Desde aquí mi agradecimiento a Antonio Félix Vinacua por esta aportación.


..........Los primeros fabricantes de refrescos y los primeros tiempos de los vinos espumosos españoles

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Dice la leyenda que el Champaña fue conocido por los españoles durante la guerra contra Napoleón, ya que tanto él como sus oficiales, eran devotos de este vino. Pocos años después, durante la segunda ocupación militar francesa (1823-1827), en la que nuestros vecinos se convirtieron en aliados de Fernando VII, las modas francesas penetraron en la sociedad española, y con ellas, también sus preferencias gastronómicas.
El Champaña se convirtió, en los años siguientes, en la bebida insustituible de los grandes banquetes y pasó a estar presente en multitud de confiterías y tiendas, aunque siempre destinado, debido a su precio elevado, a las clases pudientes. Por esa razón se planteó la necesidad de elaborar vinos en España con las mismas cualidades que el espumoso francés.

Los libros de enología de la época ya recogían, de forma muy simplificada, la forma de elaborarlos, pero antes de que los primeros bodegueros se metieran en faena, los primeros fabricantes de refrescos, que disponían de tecnología para gasificar líquidos, les tomaron la delantera.

Diario de Avisos de Madrid, 01/03/1844

De hecho, los dos primeros elaboradores de vinos espumosos identificados como tales, Andrés Ansaldi y Juan Naully, ambos de Barcelona, eran fabricantes de bebidas carbónicas (véase la entrada dedicada a las primeras fábricas españolas en este blog). Es cierto que estos vinos nacionales se vendían a un precio inferior a los importados desde Francia, pero gozaron de gran éxito, ya que el público estaba ávido de poder disfrutar del ritual de fiesta que la bebida implicaba.

Los aparatos destinados a producir Agua de Seltz en el hogar también eran utilizados para la fabricación "del más exquisito champaña", como rezaban sus publicidades.

Publidad del Seltzógeno Briet. Diario La Época 10/08/1855

Publicidad de los Sparklets. El Imparcial 08/04/1899
La inyección de gas carbónico en el vino fue difundida por enólogos tan conocidos en Cataluña como Josep Roura o el farmacéutico Bonaventura de Castellet, que vieron una oportunidad importante de negocio y una vía de salida de los vinos catalanes. Por ello, la tecnología de las fábricas de refrescos entró en las bodegas. Castellet recomendaba el aparato inventado por Ozouf, perfeccionado por Cazaubon, utilizando siempre vinos de buena calidad después de tenerlos en reposo entre seis y ocho meses. Con ellos se obtenía, según él, una imitación exacta del legítimo vino de Champaña, consiguiendo de 1.000 a 1.500 botellas al día. Aunque ninguno de estos vinos llegó a ganar ningún premio ni apareció ninguna marca de prestigio, no cabe duda de que estos primeros vinos espumosos de producción nacional, consiguieron una democratización de las burbujas en los banquetes españoles.

Sería a finales de la década de los 60 del s. XIX cuando la imitación de los espumosos franceses incluyó el tradicional método "champenoise", al principio utilizando las mismas variedades de uva que ellos, y faltarían unas décadas más para que se impusieran las variedades autóctonas, con lo cual el cava adquirió personalidad propia.

Fuentes:
Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España
Giralt i Raventós, Els Inicis del Cava: Mont-Ferrán. Caves Mont-Ferrán, Blanes. 1998

..........Del agua de Seltz al sifón

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Artículo escrito por Miguel Ángel Martínez Coello y publicado en el Faro de Vigo el 05/02/2017




Para los romanos, el aprovechamiento de los manantiales de aguas tanto termales como las conocidas ahora como mineromedicinales, eran de vital importancia, hasta tal punto que constituían la mejor medicina natural para aliviar las heridas de la guerra, así como para recuperar la salud y el equilibrio de la mente. Conocedores de las propiedades de las aguas carbonatadas efervescentes, las transportaban desde lugares remotos en recipientes adecuadamente sellados para que no perdieran sus burbujas. En principio sólo tenían acceso a ellas las familias más poderosas, ya que les atribuían propiedades curativas sobre todo para el aparato digestivo.  

El agua de Seltz no tiene ninguna relación con la ciudad de Seltz en Francia sino con Selters en Essen (Alemania)a los pies de la sierra Taunus. La fuente más famosa está en Niederselters, de la que emerge de forma natural agua carbonatada con un contenido de 250 mg/l de dióxido de carbono. Este tipo de agua ya se conocía en la edad de bronce y es famosa como agua de soda por su alta concentración de bicarbonato de sodio (NaHCO3). El agua de Selters también tiene niveles elevados de iones de calcio, cloruro, magnesio, sulfato y potasio… Los manantiales eran conocidos por los romanos, quienes los llamaron "aqua saltare". Existe además el nombre "saltrissa" (sal emergente) usado en documentos del monasterio de Fulda del año 772, y se cree que de una de estas denominaciones puede haber surgido el nombre actual. 

Selters

En el siglo XVI se comenzó a comercializar obteniendo fama internacional y en el año 1787 se hablaba de una exportación de más de un millón de botellas. Durante el s.XVII se investigó intensamente el proceso para diluir el dióxido de carbono en agua, con la intención de producir las aguas burbujeantes de los manantiales, que no tuvieron gran difusión al no disponer de envases herméticos que contuviesen el gas durante el tiempo suficiente. 
La invención de la producción del agua de seltz por medios artificiales se atribuye a distintos personajes, tiempos y lugares. Allá por 1685, el rey Carlos II de Inglaterra, concedió a dos boticarios de su corte la licencia para que pudieran tratar las aguas ferruginosas y elaborarlas para el consumo de la corte y de sus cortesanos por lo que en los alrededores de 1745, los doctores Hales y Back, en su laboratorio de Londres, consiguieron fabricar carbonatos alcalinos mediante el calor, descubriendo que el gas que se obtenía por este procedimiento era el mismo que el de las aguas minerales naturales con gas. En 1750, el químico Venel inventó el agua de seltz mediante el añadido de unos polvos efervescentes al agua natural. En 1780, físicos como Buquet, Lavoissier y Walt, entre otros de los muchos, consiguieron avances en lo que respecta a la oferta de aguas embotelladas, diseñando artilugios, con los que fueron perfeccionando la obtención de aguas similares a las minerales naturales.  

Botella de gres de Selters


En 1768 el inglés Joseph Priestley , importante por la invención del agua carbonatada y el descubrimiento de varios "aires" (gases), siendo el más famoso el que Priestley llamó "aire desflogistizado" , que el químico sueco Carl Wilhelm Scheele había llamado aire ígneo, y el francés Antoine-Laurent Lavoisier llamó oxígeno, logra saturar el agua de ácido carbónico logrando el producto artificialmente. Hacia 1780 el químico sueco Torbern Olof Bergman conocido por descubrir diversos compuestos, como el ácido carbónico o el sulfuro de hidrógeno, consiguió crear varios métodos para fabricar el agua gasificada. El también británico John Mervin Nooth perfeccionó la técnica de Priestley, al desarrollar un aparato que gasificaba al agua, el cual fue vendido a farmacias para usos comerciales. En la misma década de los años 1770s, el farmacéutico oriundo de la ciudad de Manchester, Thomas Henry, fue el primero en vender esta agua carbonatada con fines medicinales. En 1771, cuatro años después de que Joseph Priestley idease el primer proceso para producir agua carbonatada, Bergman inventó su propio sistema a partir de sulfato de calcio y ácido sulfúrico y en 1777, Bergman dividió por primera vez la química en Orgánica e Inorgánica. El médico francés Claude-Francois Duchanoy elaboró un nuevo proceso consiguiendo un producto más análogo al agua mineral natural de Seltz o de manatial de Agua natural, según relata en su obra  “Essais sur l'art d'imiter les eaux minérales, ou, De la connoissance des eaux minérales & de la manière de se les procurer en les composant soi-même dans tous les tems & dans tous le lieux”. Las indicaciones de  Bergman y Duchanoy dieron lugar a principios del siglo XIX a las primeras elaboraciones de agua mineral artificial gaseosa o Seltz. Esta fabricación permaneció confinada en el dominio de la industria farmacéutica.  En 1783, el alemán Johann Jacob Schweppe, desarrolló un proceso similar al de Prestley para fabricar agua artificialmente carbonatada y fundó la Compañía Schweppes en Ginebra,(Suiza). En 1792 se mudó a Londres pero su bebida no tuvo demasiada aceptación y terminó vendiendo su empresa en 1799, aunque mantuvo su nombre, con el que esta bebida carbonatada es aún conocida hoy. Luego, a partir de principios del siglo XIX (años 1800s), la bebida Schweppes fue adquiriendo gradualmente una gran popularidad y hacia 1843 comercializaba agua mineral proveniente del manantial de Malvern Hills (Sierras de Malvern ubicadas en la región británica de los Midlands) y se convirtió en el proveedor oficial de agua mineral de la Familia Real Británica. Desde el año 1800, Pierre Figuier fabrica en Montpelier cantidades considerables de agua de Seltz. En 1813, el británico Charles Plinth inventó una especie de envase sifón que permitía servir al agua carbonatada o soda como también se la conocía, de una manera más fácil. En 1829 dos joyeros parisinos, llamados Deleuze y Dutillet inventaron un sifón algo más avanzado, el cual pemitía salir al líquido mediante la presión interna del envase que era superior a la del entorno exterior. Al mismo tiempo, esta fabricación también se desarrolló en Suiza en la que dos farmacéuticos, Paul y Gosse, construyeron un aparato llamado de Ginebra, aunque imperfecto. En 1828, el químico inglés Cameron, produjo ácido carbónico con la descomposición del carbonato de cal con ácido sulfúrico en un vaso de fundición de plomo. Bajo el mismo principio, Barruel y Vernaunt, en el año 1830, crearon un aparato que funcionaba de forma intermitente, a baja presión química y a cilindro oscilante. Este aparato presentaba numerosos inconvenientes. Fue modificado y simplificado por M. Savaresse  creando el llamado “vaso sifoide” , aunque para su invento se inspiró en un artilugio patentado por M.M. Deleuze y Detilleul, entrando en rivalidad con el aparato llamado GINEBRA, que curiosamente no patentó, aunque sí lo hizo Antoine Perpigna, lo que hace que algunos lo consideren como el inventor del sifón. En ese tiempo, Bramah, en Inglaterra, construyo alrededor del año 1830, su espectacular aparato continúo que solo podía servir para una gran producción. Pero fue recién en 1832 que se comienza a introducir este aparato en Francia. 

En 1832 el inventor británico, John Mathews, creó un aparato que permitía carbonatar artificialmente grandes cantidades de agua, suficiente como para poder ser vendida masivamente en farmacias u otros comercios. Se trataba de la fuente de sodas y consistía en una cámara con plomo, ácido sulfúrico y mármol pulverizado (carbonato de calcio) que al estar mezclados producían dióxido de carbono (CO2) gaseoso. El gas era enviado a un tanque de agua fría donde se lo agitaba unos treinta minutos para disolver el gas. El líquido viajaba a través de un tubo y salía por un grifo. Esta máquina de fuentes de soda catapultó las ventas de bebidas carbonatadas o gaseosas. Hacia el año 1836, solamente en la ciudad de Nueva York había unas 680 fuentes de soda. Ozouf perfeccionó el aparato de Bramah estudiando con esmero la construcción razonada de sus diferentes componentes; sustituyó el metal, la fuente, el plomo y, la madera empleada primitivamente para el productor y el lavador, la cuba del gasómetro, etc.; agrupó en un mismo marco al productor de gas y a los lavadores, dispuso dos bombas para hacer retroceder el agua y el gas en un mismo saturador, en una palabra, ha hecho que el aparato fuera menos voluminoso y más potente; y aplicando aquí los principios de las construcciones mecánicas logrando hacerlo industrial y con un funcionamiento seguro. Hernan – Lachapelle-Glover con su aparato Boisson Gazeuse Moulin Fauconnier, Mondollot crea el sistema de carbonatado Mondollot cuya principal característica es que en su totalidad prescinde del gasómetro, y Gueret en su momento perfeccionaron el aparato de producción continua e hicieron un sistema poco voluminoso. Desde entonces, la industria de las aguas gaseosas salió del ámbito de la farmacia, del mismo modo que salieron las de fabricación de licores, chocolates, de quien los creadores también eran farmacéuticos. 

Los Sparklets incluyen en el mecanismo del sifón una rosca para atornillar la capsula de gas, que evolucionó con el Prana Sparklets, el Sparklógeno, el Sparklowine… El Selzogeno de D.FEVRE en París.  A partir de que Savarese patentara en 1832 la manera de fijar permanente el aparato o sifón de válvula sobre el cuello de las botellas, pese a sufrir mejoras o variaciones, fue cuando éste tipo de botellas se hicieron populares en toda Europa, Estados Unidos y América del sur, sobre todo en Argentina, fabricándose en multitud de colores, variadísimos relieves y decoraciones hasta llegar a ser considerados en la actualidad auténticos objetos de arte. 

Gasógeno Briet

Especialidades Prana Sparklets

Gasógeno D.Fèvre
 
Sifón Camilo Camba. Colección M.A.Coello

                                              
Miguel Ángel Martínez Coello

Todas las imágenes han sido aportadas por el autor del artículo

..........Los primeros edulcorantes utilizados en la fabricación de refrescos en España

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No cabe duda de que el primer edulcorante utilizado en la fabricación de gaseosas y refrescos fue el azúcar, entre otras cosas, porque aparte de la miel, no se contaba en la época con muchas más sustancias capaces de transferir un sabor dulce a los alimentos. No sería hasta 1879 cuando Remsen y Fahlberg sintetizaron por primera vez la sacarina, un producto que, una vez fabricado masivamente, y dado su bajo precio y su poder edulcorante, se convirtió en algo muy apetecible para la industria de las bebidas carbónicas.

Pero en España su uso chocaba frontalmente con los intereses de las potentes agricultura e industria azucareras, abanderadas por la Sociedad General Azucarera, por lo que su uso se prohibió alegando efectos nocivos para la salud. Dentro de esos efectos, el desarrollo de la diabetes era el más citado.
Eso no significó que no se utilizara. Importado de Alemania de forma ilegal, era utilizado por muchos fabricantes que se arriesgaban a cuantiosas multas e incluso penas de cárcel por adulteración alimentaria. El uso de "azúcar puro de caña" se convirtió en un reclamo publicitario habitual de las fábricas en el primer tercio del s. XX.

El Imparcial, 18/10/1904


  Y el tema incluso se convirtió en motivo de disputa entre fábricas rivales.

Diario de Reus 25/07/1903


Estaba prohibida su tenencia, venta, circulación e importación con dos salvedades: la industria farmacéutica y la elaboración del papel de fumar dulce.

Sin embargo, al estallar la Guerra Civil, la escasez de azúcar impulsó a los fabricantes a solicitar autorización para utilizar sacarina, y es curioso como una Orden publicada en mayo de 1937, autoriza esa excepción indicando que el único efecto nocivo de la sacarina es que no proporciona los valores nutricionales que aporta el azúcar. Queda claro que los intereses nacionales van en demasiadas ocasiones por encima de la salud pública.

La excepción se mantuvo, con carácter provisional, hasta los años 50, pues la política autárquica que carecterizó el primer período de la dictadura, se reflejó en las cantidades de azúcar que había en el mercado. El uso de la sacarina se limitó a un máximo de 25 centigramos/litro, y su compra se veía complicada administrativamente con declaraciones a Hacienda, guías de circulación y solicitudes previas de consumo.





Algunos documentos oficiales requeridos en la compra de sacarina: guía y declaración de Hacienda. Colección particular.


Aunque en 1953, con un mercado normalizado en cuanto a la disposición de azúcar, intentó derogarse esta disposición que había nacido primeramente con carácter transitorio, quedó definitivamente aprobado el uso de la sacarina un año después, y fue en 1955 cuando se permitió la utilización de un nuevo edulcorante sintético, la dulcina, que se prohibió al descubrirse su toxicidad hepática, por lo que fue sustituída por el ciclamato sódico, todavía utilizado en España, pero retirado en algunos países por las sospechas que recaen sobre él como sustancia cancerígena.

Paulatinamente nuevos edulcorantes fueron admitidos hasta llegar al momento actual, en el que existe un boom de refrescos light. Hoy en día estas bebidas pueden llevar, además de la sacarina o el ciclamato: aspartamo, acesulfamo, sucralosa, neotame, advantame...., pero es una historia demasiado moderna para este blog.

Fuentes:
Hemeroteca Ministerio de Cultura
Hemeroteca Biblioteca Nacional de España
https://todosigueigual.wordpress.com/tag/edulcorantes/

...........Más sobre las gaseosas La Popular, de Sineu

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Cuando ya estaba publicada la anterior entrada sobre las gaseosas La Popular, Damián Ramón Artigues, seguramente el mayor coleccionista de botellas de España y también mallorquín, ha tenido la gentileza de enviarme más fotografías del amplio repertorio de botellas de esta marca, que voy a compartir con vosotros, no sin antes mostrarle mi agradecimiento.  

Los seguidores del blog recordaréis a Damián Ramón por la entrada sobre su fantástica colección de botellas: http://sifonesantiguos.blogspot.com.es/2015/05/una-gran-coleccion-de-botellas.html












...........Fábrica de gaseosas y sifones La Popular, de Sineu

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La fábrica La Popular, en Sineu (Mallorca), comenzó pronto (1880) y cerró tarde (1985). Más de un siglo dedicado a la fabricación de bebidas carbónicas cuya historia aparece en esta entrevista realizada por Miguel Díaz y que él mismo me ha enviado, acompañada de abundante y descriptivo material gráfico. Antes de nada, quiero mostrarle mi agradecimiento, así como al Obrador Escribano Distribuciones S.L. que ha sido el intermediario que nos ha puesto en contacto.

El interlocutor de Miguel Díaz en las siguientes líneas es Pedro Matas Villalonga, antiguo propietario de la fábrica y artífice de un particular museo del sifón de Mallorca, que recoge un buen número de botellas: sifones, gaseosas y refrescos, embotellados en la isla.


Miguel Díaz: ¿Cuándo apareció “La Popular”? ¿Cuándo cerró?
Pedro Matas: La fábrica se abrió en 1880 y fue fundada por mi abuelo, Pedro Matas Fornés. Mi padre, Antonio Matas Alomar siguió con el negocio familiar y yo también le seguí después. "La Popular" cerró en 1985.

M.D.: ¿Cuantos trabajadores tenía?
P.M.: Cinco. Mis padres, una hermana mía, yo y otra persona más

M.D.: ¿Qué productos fabricaba?
P.M.: Sifón, gaseosa, refrescos de piña mallorquina, naranjada, limonada, fresa, menta y cola. Todo eran aguas carbónicas.

M.D.: ¿Qué ingredientes utilizaban para fabricarlos?
P.M.: El sifón era agua y anhídrido carbónico. Para las gaseosas se utilizaban agua con extractos y esencias. Unos polvos que inicialmente se utilizaban para dar el característico color oscuro del refresco de piña, se llegaron a prohibir. Luego se utilizó la caramelina.

M.D.: ¿Dónde y cómo se servían sus productos?
P.M.: En sus inicios, “La Popular” abastecía sólo a Sineu, y lo hacía mi abuelo con un carro tirado de un burro.
Así podía llevar como máximo unas diez cajas con diez botellas cada una, unas cien botellas en total entre sifones y
gaseosas. Luego se expandió a los municipios cercanos de Sineu, como Costitx, Maria de la Salut y Lloret de Vistalegre.

M.D.: ¿Que tipo de público los consumía?
P.M.: Inicialmente sólo lo tomaban las personas enfermas, como medicamento y también como digestivo. No estaba destinado a ser una bebida refrescante tal y como la conocemos en la actualidad. A partir de los años 50 sí se consideraba ya un refresco. Habitualmente se hacían combinaciones con el sifón: con “Palo”, “Martini” o vino. El sifón no lo cobraba el bar al cliente, pero sí lo pagaba al proveedor. El casco o botella siempre se devolvía.

M.D.: ¿Qué motivos existen para que esté desapareciendo el sifón tradicional?
P.M.: Hay varios, como los elevados costes de producción, pues botella a botella había que abrirla, limpiarla con lejía, enjuagarla bien, dejarla secar boca abajo y rellenarla una a una, siendo todo ello un proceso enteramente manual. Con los años, marcas multinacionales aparecieron con productos similares pero sus costes eran más bajos...invadieron el mercado y acabaron con estas pequeñas empresas familiares, las cuales tenían un alcance más local.

M.D.: ¿Hubo más fábricas en Sineu de aguas carbónicas?
P.M.: Inicialmente sólo estaba la nuestra, pero con el tiempo apareció otra más: "Riutort", que fabricaba sifón, gaseosa y piña. "La Popular" era propiedad de dos  hermanos, los cuales por motivos personales, hizo que cada uno hiciera su camino hacia 1960. Uno de ellos, Antonio Matas, continuó con "La Popular" y la hermana, Maria Matas, fundó "Riutort"

M.D.: ¿Qué fue de “Riutort”?
P.M.: Desapareció de Sineu; María Matas se juntó con dos nuevos socios de Inca, uno era un empleado de "Simonet" y el otro un guardia civil. El nombre del marido de María era Jaime, y también el de sus dos nuevos socios. Como los tres se llamaban Jaime, abrieron la nueva fábrica "3 jotas" en Inca. Pasado un tiempo se vendió y se trasladó al pueblo de Sant Llorenç.

M.D.: ¿Llegaron a existir muchas fábricas de carbónicas en Mallorca?
P.M.: El momento más álgido fue a mediados de los años 60, pues llegaron a existir hasta 93 fábricas. Detrás de los sifones de muchas marcas mallorquinas, aunque no en todas, se puede ver el mismo mapa de Mallorca, donde se indican los municipios donde se fabricaba sifón. Aparecen muchos municipios mallorquines, pero no todos.

M.D.: He observado diferencias en cuanto al diseño del sifón, seguramente a medida que pasaban los años el diseño iba evolucionando…
P.M.: Sí, al principio las botellas eran pequeñas y lisas, también las había con alguna forma del vidrio en espiral. El color podría ser verde claro, oscuro, lila o azul. El nombre de la fábrica que las rellenaba sólo aparecía grabada en la cabeza metálica del sifón, indicando casi siempre el pueblo. Con el tiempo empezaron a marcarlas en el cristal también, haciéndolo mediante el chorro de arena, dejando mate esa parte del vidrio. Más tarde empezaron a serigrafiarlas a un color e incluso a dos colores, normalmente en blanco y rojo.

M.D.: ¿Cómo se garantizaba la higiene de sus productos de cara al público?
P.M.: Las botellas de sifón y de gaseosa siempre se limpiaban manualmente con agua antes de rellenarlos de nuevo con el producto. Y en muchas botellas de sifón se indicaba expresamente que era higiénico. Estas medidas en la actualidad son del todo insuficientes e impensables. A la botella de gaseosa se le ponía un precinto de garantía, que consistía en una pequeña bolsita plástica en la cabeza de la botella. Luego se ponían varias botellas en fila y pasando rápidamente  un soplete encendido por la base de las bolsitas, estas se arrugaban quedando bien sujeta al cuello de la botella. De esta forma, para abrirla la única forma era quitar esta bolsita.


Colección de sifones del autor de esta entrevista, Miguel Díaz. Foto M.Díaz

Antigua saturadora. Foto M.Díaz

Publicidad años 60. Foto M.Díaz

Embotelladora de sifones. Foto M.Díaz

Botellas de "La Popular". Foto M.Díaz

Proceso de embotellado. Foto M.Díaz

Proceso de lavado manual. Foto M.Díaz

Camión de transporte. Foto M.Díaz

Pedro Matas sosteniendo dos botellas de "La Popular". Foto M.Díaz