...........Más sobre las gaseosas La Popular, de Sineu

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Cuando ya estaba publicada la anterior entrada sobre las gaseosas La Popular, Damián Ramón Artigues, seguramente el mayor coleccionista de botellas de España y también mallorquín, ha tenido la gentileza de enviarme más fotografías del amplio repertorio de botellas de esta marca, que voy a compartir con vosotros, no sin antes mostrarle mi agradecimiento.  

Los seguidores del blog recordaréis a Damián Ramón por la entrada sobre su fantástica colección de botellas: http://sifonesantiguos.blogspot.com.es/2015/05/una-gran-coleccion-de-botellas.html












...........Fábrica de gaseosas y sifones La Popular, de Sineu

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La fábrica La Popular, en Sineu (Mallorca), comenzó pronto (1880) y cerró tarde (1985). Más de un siglo dedicado a la fabricación de bebidas carbónicas cuya historia aparece en esta entrevista realizada por Miguel Díaz y que él mismo me ha enviado, acompañada de abundante y descriptivo material gráfico. Antes de nada, quiero mostrarle mi agradecimiento, así como al Obrador Escribano Distribuciones S.L. que ha sido el intermediario que nos ha puesto en contacto.

El interlocutor de Miguel Díaz en las siguientes líneas es Pedro Matas Villalonga, antiguo propietario de la fábrica y artífice de un particular museo del sifón de Mallorca, que recoge un buen número de botellas: sifones, gaseosas y refrescos, embotellados en la isla.


Miguel Díaz: ¿Cuándo apareció “La Popular”? ¿Cuándo cerró?
Pedro Matas: La fábrica se abrió en 1880 y fue fundada por mi abuelo, Pedro Matas Fornés. Mi padre, Antonio Matas Alomar siguió con el negocio familiar y yo también le seguí después. "La Popular" cerró en 1985.

M.D.: ¿Cuantos trabajadores tenía?
P.M.: Cinco. Mis padres, una hermana mía, yo y otra persona más

M.D.: ¿Qué productos fabricaba?
P.M.: Sifón, gaseosa, refrescos de piña mallorquina, naranjada, limonada, fresa, menta y cola. Todo eran aguas carbónicas.

M.D.: ¿Qué ingredientes utilizaban para fabricarlos?
P.M.: El sifón era agua y anhídrido carbónico. Para las gaseosas se utilizaban agua con extractos y esencias. Unos polvos que inicialmente se utilizaban para dar el característico color oscuro del refresco de piña, se llegaron a prohibir. Luego se utilizó la caramelina.

M.D.: ¿Dónde y cómo se servían sus productos?
P.M.: En sus inicios, “La Popular” abastecía sólo a Sineu, y lo hacía mi abuelo con un carro tirado de un burro.
Así podía llevar como máximo unas diez cajas con diez botellas cada una, unas cien botellas en total entre sifones y
gaseosas. Luego se expandió a los municipios cercanos de Sineu, como Costitx, Maria de la Salut y Lloret de Vistalegre.

M.D.: ¿Que tipo de público los consumía?
P.M.: Inicialmente sólo lo tomaban las personas enfermas, como medicamento y también como digestivo. No estaba destinado a ser una bebida refrescante tal y como la conocemos en la actualidad. A partir de los años 50 sí se consideraba ya un refresco. Habitualmente se hacían combinaciones con el sifón: con “Palo”, “Martini” o vino. El sifón no lo cobraba el bar al cliente, pero sí lo pagaba al proveedor. El casco o botella siempre se devolvía.

M.D.: ¿Qué motivos existen para que esté desapareciendo el sifón tradicional?
P.M.: Hay varios, como los elevados costes de producción, pues botella a botella había que abrirla, limpiarla con lejía, enjuagarla bien, dejarla secar boca abajo y rellenarla una a una, siendo todo ello un proceso enteramente manual. Con los años, marcas multinacionales aparecieron con productos similares pero sus costes eran más bajos...invadieron el mercado y acabaron con estas pequeñas empresas familiares, las cuales tenían un alcance más local.

M.D.: ¿Hubo más fábricas en Sineu de aguas carbónicas?
P.M.: Inicialmente sólo estaba la nuestra, pero con el tiempo apareció otra más: "Riutort", que fabricaba sifón, gaseosa y piña. "La Popular" era propiedad de dos  hermanos, los cuales por motivos personales, hizo que cada uno hiciera su camino hacia 1960. Uno de ellos, Antonio Matas, continuó con "La Popular" y la hermana, Maria Matas, fundó "Riutort"

M.D.: ¿Qué fue de “Riutort”?
P.M.: Desapareció de Sineu; María Matas se juntó con dos nuevos socios de Inca, uno era un empleado de "Simonet" y el otro un guardia civil. El nombre del marido de María era Jaime, y también el de sus dos nuevos socios. Como los tres se llamaban Jaime, abrieron la nueva fábrica "3 jotas" en Inca. Pasado un tiempo se vendió y se trasladó al pueblo de Sant Llorenç.

M.D.: ¿Llegaron a existir muchas fábricas de carbónicas en Mallorca?
P.M.: El momento más álgido fue a mediados de los años 60, pues llegaron a existir hasta 93 fábricas. Detrás de los sifones de muchas marcas mallorquinas, aunque no en todas, se puede ver el mismo mapa de Mallorca, donde se indican los municipios donde se fabricaba sifón. Aparecen muchos municipios mallorquines, pero no todos.

M.D.: He observado diferencias en cuanto al diseño del sifón, seguramente a medida que pasaban los años el diseño iba evolucionando…
P.M.: Sí, al principio las botellas eran pequeñas y lisas, también las había con alguna forma del vidrio en espiral. El color podría ser verde claro, oscuro, lila o azul. El nombre de la fábrica que las rellenaba sólo aparecía grabada en la cabeza metálica del sifón, indicando casi siempre el pueblo. Con el tiempo empezaron a marcarlas en el cristal también, haciéndolo mediante el chorro de arena, dejando mate esa parte del vidrio. Más tarde empezaron a serigrafiarlas a un color e incluso a dos colores, normalmente en blanco y rojo.

M.D.: ¿Cómo se garantizaba la higiene de sus productos de cara al público?
P.M.: Las botellas de sifón y de gaseosa siempre se limpiaban manualmente con agua antes de rellenarlos de nuevo con el producto. Y en muchas botellas de sifón se indicaba expresamente que era higiénico. Estas medidas en la actualidad son del todo insuficientes e impensables. A la botella de gaseosa se le ponía un precinto de garantía, que consistía en una pequeña bolsita plástica en la cabeza de la botella. Luego se ponían varias botellas en fila y pasando rápidamente  un soplete encendido por la base de las bolsitas, estas se arrugaban quedando bien sujeta al cuello de la botella. De esta forma, para abrirla la única forma era quitar esta bolsita.


Colección de sifones del autor de esta entrevista, Miguel Díaz. Foto M.Díaz

Antigua saturadora. Foto M.Díaz

Publicidad años 60. Foto M.Díaz

Embotelladora de sifones. Foto M.Díaz

Botellas de "La Popular". Foto M.Díaz

Proceso de embotellado. Foto M.Díaz

Proceso de lavado manual. Foto M.Díaz

Camión de transporte. Foto M.Díaz

Pedro Matas sosteniendo dos botellas de "La Popular". Foto M.Díaz












..........La Gaseosa D

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A estas alturas a todo el mundo le suena el nombre de Santiago Daurella Rull, patriarca de una de las familias más acaudaladas de España gracias a haber sido beneficiario de una de las franquicias de Coca-Cola que la dictadura franquista repartió por regiones entre empresarios afines. La familia Daurella gestionó perfectamente este "regalo", y en la actualidad su empresa, Cobega, es el mayor grupo alimentario español por facturación.
Aunque la asignación de las franquicias de Coca-Cola fue un proceso totalmente opaco, no cabe duda de que Santiago Daurella era una persona idónea para hacerse cargo del embotellado y distribución de la mundialmente famosa bebida, pues ya era propietario de una serie de productos entonces muy populares y contaba para ellos con una extensa y bien perfilada red de distribución.

En esta entrada vamos a hacernos eco de esos productos, especialmente de la gaseosa "D", que fue conocida y consumida a lo largo del país.

La familia Daurella ya dio muestras de emprendeduría en el s.XIX, y si a comienzos de ese siglo se dedicaba al comercio del algodón, en 1853 fue pionera en la importación del bacalao en España, que traían desde Islandia, Groenlandia o las islas Feroe. De hecho, Santiago Daurella fundó, en 1932, la Asociación de Importadores de Bacalao.

Después de la Guerra fue cuando amplió su actividad con su incursión en el ramo de las bebidas carbónicas, creando en la década de los 40 la Gaseosa D y los zumos Untomate, Unnaranja, Unlimón, Unuva y hasta Unapio. La otra gran marca de Daurella, Sandaru, que procede del acrónimo del nombre del creador, surgió también en esa década como cocktail combinado del zumo Untomate, aunque en la década siguiente serviría para denominar una serie de refrescos de tónica, naranja y limón que contaron también con un ámbito de distribución importante, aunque a la postre no llegaron a sobrevivir a la expansión de las grandes firmas en el proceso de concentración de marcas que tuvo lugar a partir de los años 60, por lo que su fabricación cesó finalmente en los 70.

Calendario 1945. www.todocolección.net


La gaseosa D, más tarde "súper D", (que jugaba con la ambivalencia de ser la primera letra del apellido de su creador y del adjetivo "deliciosa"), llegaría a contar en la década de los 60 con más de 70 fabricantes, por lo cual estaba presente en más de medio millar de poblaciones, especialmente en la zona este del país. Se trataba de una franquicia a la que se acogieron multitud de pequeños productores que, (como en el caso de La Pitusa, por poner un ejemplo), se beneficiaban del prestigio y la publicidad de una marca en común.

Publicidad de La Vanguardia 16/06/1968


Las primeras botellas de litro fueron muy características, con la letra "D" en relieve y un cristal con efecto granulado. De ellas se pasaría a las botellas lisas serigrafiadas en blanco y rojo, a las que en los últimos años se les añadió la palabra "extra", rompiendo la letra "D". En los últimos años de vida de este refresco las botellas incorporaron en el serigrafiado unos cítricos en color amarillo, y también existieron botellas con tapón de rosca de baquelita.

Tres modelos de gaseosa D de litro con tapón mecánico. Colección particular


En muchas de estas botellas es posible encontrar serigrafiado en la parte trasera el nombre del embotellador, cuyo nombre y número de registro aparecía también en tapón mecánico.

Ejemplo del serigrafiado posterior con el nombre del embotellador. Colección particular.


En los años 60 la marca D, y envasada en botellas de 250 c.c. similares estéticamente a sus hermanas mayores, se utilizó también para naranjada y tónica.

Botellas pequeñas de gaseosa D. Colección particular.


La sede de la fábrica de Santiago Daurella se mantuvo en Barcelona el la calle Buenaventura Muñoz esquina Nàpols, donde hoy se encuentra un Centro Cívico cuyo nombre es un homenaje a los refrescos que allí se embotellaron: "Parc Sandaru".


Fuentes:
Hemeroteca La Vanguardia
http://www.emprendedores.es/casos-de-exito/copesco-sefrisa-lideres-en-ahumados/un-emprendedor-del-siglo-xix
http://barcelofilia.blogspot.com.es

....Un catálogo de 1918

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En otra entrada ya había publicado parte de un catálogo de 1923 de la empresa de A.Vázquez del Saz que mostraba modelos de sifones (garrafas y cabezas)  que considero interesantes para cualquier coleccionista. Gracias a la amabilidad de Obrador Escribano Distribuciones S. L., me ha llegado otro de la misma empresa cinco años anterior y, aunque es algo más sencillo, no puedo dejar pasar la ocasión de dar a conocer esta joya que nos muestra el preciosismo de estas botellas en los primeros años del s. XX.




 Mi agradecimiento a Obrador Escribano Distribuciones por su aporte.

..........100.000 visitas!!!!

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Alcanzar las 100.000 visitas siempre es un motivo de alegría para cualquier bloguero y acaba provocándole el impulso de dar las gracias a todos los que colaboran en su existencia, y yo no voy a ser una excepción.
 
La idea de este blog surgió a raíz de la publicación de un artículo sobre las fábricas de bebidas carbónicas de mi comarca. Para realizar la introducción del mismo, investigué sobre su historia y me di cuenta de que las informaciones que aparecían eran totalmente contradictorias e incompletas, y en algún caso, descaradamente falsas. De ahí surgió la voluntad y la intención de poner un poco de orden en el origen de esta industria, desde los primeros experimentos hasta su aparición en nuestro país, investigando en hemerotecas y publicaciones antiguas los primeros fabricantes, las primeras bebidas, las primeras botellas utilizadas, los primeros cierres, las primeras legislaciones....De ahí fui pasando a otros aspectos relacionados con este mundo, como la presencia de determinadas marcas internacionales en nuestro país o la historia de algunas marcas míticas españolas, al mismo tiempo que he ido recogiendo publicaciones que cuentan la historia de algunas de las miles de fábricas españolas, siempre reflejadas con nostalgia y con cariño. 

El blog siempre ha pretendido ser un punto de encuentro de investigadores, curiosos y coleccionistas, y la verdad es que poco podía pensar cuando comencé, que llegaría a las 100.000 visitas,  de ellas el 75% procedentes de España, y el resto de países americanos y europeos. 

Hoy que se ha cumplido este maravilloso hito, quiero agradecer a todos vuestra atención, y en este agradecimiento incluyo a los seguidores, a los colaboradores, a los voluntarios que me enviáis cosas para publicarlas, a los que ponéis comentarios, a todos los que me habéis escrito para sugerirme cambios o felicitaciones y, por supuesto, a todos los lectores.

Es el momento de abrir un refresco y brindar porque su historia y la de sus fabricantes no se pierde gracias a todos vosotros. Salud!!!!!


..........La gaseosa Iturrigorri

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Esta legendaria gaseosa es un clásico entre los clásicos y todavía sigue viva con la botella original que siempre le ha caracterizado. No voy aquí a revisar su  historia porque ya hay quien lo ha hecho y muy bien, pero sí recopilar para aquellos curiosos una serie de artículos y vídeos que os explicarán perfectamente su recorrido desde los primeros embotelladores hasta los actuales, y sobre todo lo que en Vizcaya ha significado esta gaseosa.

Empezamos con este artículo de El Correo de Vizcaya,


http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20100920/vizcaya/medio-20100920.html


Y de El Correo.tv, este vídeo que incluye una entrevista con los actuales embotelladores de la marca.





Otro vídeo, en este caso de EITB


Estos vídeos se adentran fundamentalmente en el aspecto nostálgico de esta gaseosa, cuyo nombre ha quedado asociado al tapón corona (en el País Vasco un "iturri" es una chapa de cualquier tipo de bebida) y por extensión al juego infantil asociado a estos tapones (bien explicado en los vídeos), pero si queréis conocer una bien documentada historia de esta bebida, os recomiendo estas entradas, llenas de datos, fotografías y publicidades originales:

 
http://www.bilbao.net/bld/bitstream/handle/123456789/10260/pag13.pdf?sequence=1
http://www.bilbao.net/bld/bitstream/handle/123456789/10378/pag09.pdf?sequence=1

o bien visitar el blog:

http://cervezabilbao.blogspot.com.es/2012/04/la-vizcaina-s_03.html




..........Carbónicas Molina, de Salamanca. Una superviviente

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La entrada de hoy, sobre la última fábrica de bebidas carbónicas de Salamanca, es un amplio extracto de una entrevista a Evelio Rodríguez Domínguez, realizada por Jorge San Román y aparecida en "Salamanca Rtv al día", de donde se han extraído también las imágenes. (http://salamancartvaldia.es/not/53600/la-ultima-fabrica-de-gaseosas-de-salamanca-carbonica-molina/)" 


Como consecuencia de los nuevos hábitos de consumo y de la aparición de nuevas bebidas, las gaseosas han ido perdiendo su mercado tradicional. En la provincia de Salamanca, donde hubo censadas más de 140 fábricas, incluidas algunas grandes marcas, la única que perdura es Gaseosas Molina, que ha logrado sobrevivir sin ser absorbida por los grandes monstruos del sector, como ha sucedido con la casi totalidad de los más de 4000 fabricantes que llegaron a existir en España.
Carbónica Molina S.A. es una empresa que cae simpática, porque en ella vemos reflejado el sempiterno mito de David contra Goliat; la historia de la irreductible aldea gala, y la de tantos y tantos débiles que siguen enfrentándose a los abusones, logrando salir adelante a base de mucho trabajo y de mucho tesón. En el consejo de administración de ésta empresa familiar, están ya integrados miembros de la tercera generación. El actual patriarca y consejero delegado de la firma, Evelio Rodríguez Domínguez, exhibe en su despacho una fotografía fechada en 1934 en la que aparecen los padres fundadores, Evelio y Antolina, junto a su tío Juan. Evelio está dispuesto para contarnos la historia de la marca, que es la de su propia familia, y a enseñarnos los secretos de la fábrica de gaseosas.

Carbónicas Molina, años 50. Plantilla y maquinaria


E.R.D: Molina es un apellido que se perdió en el siglo XIX, en mil 1800 y pico, pero se nos siguió conociendo así, de hecho, yo me pongo al teléfono y respondo “Soy Evelio Molina”, y mi hija también dice “soy Mercedes Molina”. Fue en 1961 cuando registramos 'Molina' como marca comercial. Hace unos años se celebró el 175 aniversario de las bebidas refrescantes, y a Anfabra, la asociación que reúne a los fabricantes, se les ocurrió hacer unas exposiciones itinerantes, nos pidieron algunas cosas, y les prestamos fotos, algunas botellas, máquinas, hicieron un vídeo, y aparecimos en Antena 3 Televisión. Nuestra satisfacción fue ser presentados como una de las empresas más antiguas.
En el hall que da acceso a las diferentes dependencias de la fábrica, se encuentra instalado un pequeño museo que alberga una increíble colección de botellas; son la historia de Molina, y hay otras sorprendentes, como la primera de Trinaranjus, una original pieza de cristal con la forma de tres naranjas que confluyen en un cuello de botella. Es la prehistoria de los envases que hoy día conocemos y consumimos, y Evelio está orgulloso de conservar una buena parte del patrimonio histórico y familiar.

 E.R.D: Guardamos  el letrero original de la fachada de la primera fábrica de la calle Mansilla, fíjate, tiene 80 años. Estas diapositivas se proyectaban en los dos cines que había aquí, en el intermedio de las películas. Conservamos fórmulas antiguas: Manzana: 4 grms. de esencia por litro de jarabe, 40 grms. de concentrado por litro de jarabe, es un documento de 1934.

Diapositiva publicitaria para los cines


Fórmula primitiva conservada


 Precisamente en esa época, a finales de los años 20 del pasado siglo, el bejarano Juan Rodríguez, tío de Evelio,  se encontraba en Iberoamérica, donde había acudido en busca de fortuna, y puede decirse que se topó con ella, pues vio algo que le llamó poderosamente la atención. La moda de las gaseosas de sabores había traspasado las fronteras norteamericanas; en Colombia bebían Kola Roman desde 1865; en Ecuador existía la marca de gaseosas Fioravanti desde 1878, y también en Méjico se envasaba la Toni Col desde 1887. Entusiasmado al conocer la nueva bebida, Juan Rodríguez decidió regresar a Béjar, con la idea y el propósito de montar una fábrica de gaseosas. Así, a comienzos de 1934, él, junto a su hermano Evelio Rodríguez, y Antolina Domínguez, esposa de este, y padres amobos de Evelio Rodríguez Domínguez, instalaron una pequeña fábrica de gaseosas en una bodega de 50 metros cuadrados en la calle Mansilla, en pleno centro de Béjar.

Primeros repartos antes de los vehículos a motor


E.R.D: La primera máquina embotelladora vino de Madrid, 1.310 pesetas costó, se pagó el 20 % al contado, y el resto mediante cinco letras. Esto empezó a funcionar el 19 de marzo de 1934, ese día se despacharon los primeros pedidos: 6 sifones a Antonio, a 0,25, 12 sifones a Pepe, y también las primitivas botellas de bola que se vendían por cajas de 6 o de 12 unidades, y se servían en unos cestillos de hierro que fabricaba un herrero de aquí. En los primeros años, se hacían unas veinte docenas de botellas diarias. Uno de los desafíos que planteaba  la distribución de las bebidas carbonatadas,  que hasta el momento debía ser mezclada en el momento del consumo, era el embotellado, pues existían problemas técnicos que impedían  lograr un sellado hermético que permitiera conservar el gas.

Maquinaria años 40


E.R.D: En las primeras botellas había una bola de vidrio que estaba situada en un compartimento al final del cuello, y el gas carbónico la empujaba hacia arriba, impidiendo así que se derramase el contenido. Tecnológicamente era un boom, las botellas venían de Gijón, y había otra fábrica en Barcelona, pero aquello terminó prohibiéndose por considerarse anti higiénico.
De los pueblos venían con caballerías, con mulos, y cargaban en ellos cajas de 48 botellas, y si para las fiestas necesitaban más, venían con un carro de vacas. Es que los particulares hacían vino, pero aquel vino de pitarra 'rascaba' que no veas, y la forma de hacerlo bebible era 'bautizarlo' con gaseosa. Mira, este cliente todavía existe, está en el Castañar, Casa Senén, de los que hemos conocido cuatro generaciones, el cliente más antiguo, desde el año 34. El Torres, de Guijuelo, desde el año 49; entonces se les mandaba la mercancía por ferrocarril. Mira este otro antiguo albarán, cuatro docenas de gaseosas, a seis pesetas la docena, veinticuatro pesetas.
Luego llegó la guerra, mi tío falleció en 1936, y vino una época en la que todo escaseaba, no había botellas, y teníamos que ir a las traperías de Madrid para comprarlas de segunda mano, y poder embotellar. No había ni lata para fabricar las chapas “de corona”, que nosotros llamamos, y usábamos las botellas de champán tapadas con un corcho, y atadas con una cuerda. Después de la guerra, no había azúcar, la sacarina no se conocía, y seguía sin haber  tapones ni botellas, luego ya se empezó a fabricar con sacarina…
 Tras la muerte de Juan Rodríguez, fue al padre de Evelio a quien correspondió ponerse al frente  de la empresa. Superados los momentos más difíciles de la posguerra, Evelio consiguió el tránsito de una fábrica manual, a una factoría con maquinaria moderna y automática. De las primitivas botellas de bola, pasaron a las de tapón de corcho y chapa, y de ahí al tapón mecánico o de porcelana, que marcó toda una época. De repartir las botellas en cestas y carros de mano, a transportarlas con animales de carga, y a emplear después camiones botelleros que podían abastecer  un territorio mucho más extenso. 

Plantilla años 50



 E.R.D: La primera camioneta de reparto se compró a mediados de los años 50, más o menos, a la Central Lechera de Salamanca. Procedía de Etiopía, y los italianos la habían traído a la guerra de España, M-62248, era su matrícula. El segundo vehículo fue una camioneta Ford, que si se partía un palier, tenías que tirarte todo el día en el taller para sacar el eje y poder arreglarlo. Luego empezaron a fabricar en Barcelona el Ebro –que pertenecía a Ford-, pero tenías que tener influencias y recomendaciones para que te pusieran de los primeros en la lista de espera. Yo escribí varias cartas al concesionario, hasta que al final conseguimos el Ebro, uno de aquellos de morro alto, los primeros que se fabricaron en España. Luego vinieron los Barreiros. Hoy día tenemos dieciséis vehículos para cubrir todo el reparto. En ese período de expansión de los años 50, Molina contrató los primeros empleados fijos, un número que fue aumentando en el transcurso de los años, además de contratar personal eventual autóctono siempre que las campañas de verano lo requerían, llegando a la actual plantilla, formada por veintisiete trabajadores.

Vehículo de reparto


E.R.D: Antiguamente las cosas eran de otra manera, cuando había acumulación de trabajo, hablabas con algún vecino que estuviese desocupado, le ofrecías tres pesetas, o lo que fuera, y no existía la contratación como la conocemos hoy en día.

Esa refrescante tentación embotellada
Además de la tradicional gaseosa, que en Béjar antiguamente se denominaba 'limón', y del agua de seltz en sifones, Molina embotelló infinidad de sabores, algunos con marcas propias, y otros con las marcas cedidas por los creadores de los sabores; Limorefrescante, Limonada Natural Iris, Orange, Koki, bebida incomparable, refresco natural, de venta aquí, Tometucs??, exquisito refresco de naranja, Agradable sabor de zarza espumosa Pic-Nic,  Beba Jumate, deliciosa bebida espumosa, Piña Ecuatorial, refresco ideal, Ino marca registrada refrescante, embotellado bajo licencia….

E.R.D: Los años 50-60 fueron los de mayor esplendor, sólo en Béjar llegó a haber tres fábricas de gaseosas. La zarzaparrilla era la Coca Cola de entonces. 'Citrania' era un refresco que se consumía mucho. El que te vendía los productos te daba la marca también, junto a las etiquetas y los jarabes. Embotellábamos 'Orange', que es lo que hoy día es la Fanta de naranja, y limonada. Por entonces lo más adelantado era la cerveza, pero era muy cara, y no se implantó hasta bien entrados los años 60. Nosotros servíamos una caja de cerveza por cada cien de gaseosas, hoy día es justo al revés.

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Después del fallecimiento de Evelio, acaecido en 1965, tras haber permanecido 29 años al frente de la empresa, su viuda, doña Antolina Domínguez, y sus ocho hijos, decidieron crear una sociedad anónima con la aportación de toda la industria. Un año más tarde, adquirieron dos naves y unos terrenos en la carretera de la Estación, y en 1969 trasladaron la fabricación desde la antigua planta de la calle Mansilla, y el viejo local, que sigue perteneciendo a la familia, quedó destinado como guardamuebles.
Muy lejos de Béjar, en los Estados Unidos, hacía tiempo que había comenzado la guerra entre las compañías embotelladoras de refrescos, extendiéndose el conflicto también al sector de las gaseosas. Como respuesta a la popular 7 Up, la compañía Coca-Cola introdujo en 1961 la marca Sprite, y obligó a sus concesionarios a embotellar Sprite para inundar el mercado de este producto, y eliminar a la 7 Up. Aquellas guerras comerciales, antes o después, acabarían  extendiéndose hasta nuestro país, y, “viéndolas venir”, Carbónica Molina comenzó a diversificar su actividad, sacando partido de su red de reparto. Junto a las marcas propias, 'Molina' y 'Abli', empezaron a distribuir vinos de mesa y cerveza, continuaron con los mostos, y hoy “Se lleva de todo, porque es la manera de mantenernos en funcionamiento”, reconoce Evelio.
 En el año 1973 se abrió el almacén  de distribución del recinto de Los Álamos, en Plasencia (Cáceres), para atender desde esta plaza a más de 400 clientes integrados en Plasencia, Malpartida, el Valle del Jerte y otros pueblos del norte de Extremadura. Desde Béjar, la empresa atiende directamente a más de 700 clientes de las provincias de Salamanca y Ávila.
En 1992 las cosas marchaban viento en popa, y ante la necesidad de ampliar las instalaciones, y la  carencia de suelo industrial en Béjar, optaron por construir una nave de 800 metros cuadrados en los terrenos anexos.  La vista panorámica que se divisa desde la fábrica de Molina es un privilegio para quienes tienen la suerte de trabajar en sus instalaciones. Y son también afortunados por que las instalaciones sigan en pie, pues en el año 1994, y debido a una mala planificación técnica, se produjo un deslizamiento de tierras que estuvo a punto de sepultar una parte de la fábrica. Aquel desastre, afortunadamente, no se llevó vidas humanas por delante, pero supuso un duro golpe para la tesorería de la empresa, y trajo consigo un sinfín de problemas añadidos, que a punto estuvieron de llevar a la empresa a la quiebra. Gracias al esfuerzo y el apoyo de la mayoría de los socios, Molina fue recuperando poco a poco su actividad, hasta conseguir salir de nuevo a flote.
En los últimos años, la empresa ha hecho un considerable esfuerzo tanto en la renovación de maquinaria, se han instalado nuevas máquinas lavadora de botellas y taponadora, como en la actualización de un avanzado programa ERP de todos los procesos informáticos, así como  en la introducción de nuevos procesos de fabricación, equipos de frío y una máquina para fabricar botellas de Pet (o de politereftalato de etileno), y en 2005 instaló un novedoso sistema de Ozonización para el tratamiento del agua.


 E.R.D: En esto hemos sido pioneros, porque el ozono se usaba para potabilizar el agua de las ciudades, y hemos sido los primeros en aplicar el sistema a la industria.
La gaseosa, básicamente, es agua con gas y aditamentos, sacarina –nunca azúcar-, edulcorantes artificiales, y aroma de limón. Los otros sabores que fabricamos, la naranja y el limón, sí llevan azúcar, porque eso le da más cuerpo a la bebida, y añadimos una parte de zumo natural, para que tenga más calidad. El agua que utilizamos procede de la sierra de Béjar, es nieve. En invierno, cuando viene directamente de la sierra, es agua pura. Aunque desde que hicieron el pantano,  tuvimos que montar una planta de tratamiento, porque al estar embalsada, en el agua empezaron a aparecer algas.
Después de pasar por la potabilizadora, el agua viene y se filtra aquí, con arena, que es el mejor producto filtrante; luego pasa por los filtros de carbón activo, que elimina los malos sabores, y por último pasa por un proceso de luz ultravioleta. Después de todo eso, el agua resultante es absolutamente pura, y con todo y eso, todavía hay algunas veces que da problemas, porque el agua es muy delicada, aquí tenemos a la señorita de Sanidad cada dos por tres.

La fábrica de gaseosas
E.R.D: En esta zona se hace la pesada de los productos para hacer el jarabe, se pesa el azúcar, y se hace en función de 200 ó 400 litros; es la décima parte de lo que hay en la botella, y el producto baja por unas tuberías donde se hace la mezcla con el agua enfriada  y el carbónico, porque el carbónico mezcla mejor con el agua fría. Cuando venía directamente de la Sierra, esta parte del proceso no era necesaria. De ahí ya pasa a la llenadora, que puede llenar 5.000 litros a la hora, que es nuestra capacidad de producción,  aunque por desgracia hay muchos días, como hoy, en que tiene que estar parada. Llena los lunes, y en verano, dos días a la semana, y gracias a la automatización, todo el proceso sólo requiere cuatro personas.
Hoy día, las botellas de plástico del tipo PET ofrecen a los industriales una solución liviana, libre de olor e irrompible, con un funcional tapón de rosca. Evelio nos muestra una cápsula de plástico transparente de 11 centímetros de largo.

Evolución de las botellas


E.R.M: Esto es una botella, pasa por una resistencia, la máquina lo calienta, pasa por un molde, allí se sopla, se hace grande, se enfría con agua, y se llena de forma automática. Es una pena, porque el envase de cristal es el mejor, no toma sabor, pero tiende a desaparecer. Las botellas de ½ litro de cristal ya sólo la hacemos para los bares. Y también es una pena que el mercado de los sifones haya desaparecido casi del todo, antes, hasta para el vermú se empleaba sifón, hoy vas a los bares, y no hay sifón, una lástima, pero se han cargado ese negocio.

En el año 2009 el Ayuntamiento distinguió a Carbónica Molina con la Medalla de Oro de la ciudad de Béjar, al cumplirse el 75 aniversario de la marca. Bien cierto es que la empresa siempre ha destacado por colaborar en toda clase de eventos, desde las tradicionales fiestas locales de los Arcos de San Juanito, a patrocinios culturales, concursos de pintura, exposiciones, corridas de toros, y también en pruebas deportivas de fútbol infantil, ciclismo, o maratones. Ya en 2004 la Cámara de Comercio e Industria de la ciudad había concedido a Molina la Medalla por “su trayectoria ejercida a lo largo de los años”. Pero las mismas Instituciones que reconocen y premian los méritos, no tienen reparo a la hora de apoyar la construcción de una planta crematoria de residuos, justo al lado de Carbónica Molina, y de otras empresas de alimentación.

E.R.D: Entre la crisis, la competencia, las grandes superficies, que no sé cómo pueden vender la gaseosa tan barata, porque haces números y no te salen, no sé si llegaremos muy lejos. Fíjate que en el año 37 había una asociación que ponía de acuerdo a los tres fabricantes de Béjar sobre los precios a establecer, para que no hubiera una competencia desleal. En esta foto aparece el distribuidor de las cervezas Cruz Blanca, a veces, le hacíamos el reparto a lugares donde él no llegaba “Oye, ¿me lleváis una caja de cerveza a tal sitio?”. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Ahora las grandes multinacionales del refresco regalan a sus clientes la gaseosa que tienen,  si le compran sus otros productos, y ante esa conducta predadora nada se puede hacer, porque ¿Quién lleva a juicio a un gigante de esos? No los vamos a arruinar, y ellos a nosotros puede que sí.                                                                                                                                                                           

 Mi agradecimiento a mi amigo Javier que me ha hecho llegar este artículo.